martes, 11 de abril de 2017

INVICTUS


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El poema “Invictus”, de una belleza melancólica, victoriana, marmórea, sobrecogedora, es un canto a la fe, a la libertad y a la resistencia humana enfrentadas a los momentos más desoladores, solitarios y terribles de la existencia. No es de extrañar que el poema fuera escrito por un hombre que fue niño condenado a la enfermedad y la minusvalía; no es de extrañar que este poema le sirviera de guía y consuelo espiritual a Nelson Mandela mientras estaba encarcelado y era humillado y vejado por sus ideas, por su compromiso ético con los suyos, consigo mismo. 

INVICTUS 


En la noche que me cubre,
tenebrosa como el abismo insondable, 
doy gracias a los dioses que pudieran existir 
por mi alma inconquistable. 

En las azarosas garras de las circunstancias 
nunca me he lamentado ni he pestañeado. 
Sometido a los golpes del destino, 
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. 

Más allá de este lugar de cólera y de lágrimas 
donde yacen los horrores de la sombra, 
la amenaza de los años me encuentra, 
y me encontrará, sin miedo. 

No importa cuán estrecho sea el portal, 
cuán cargada de castigos la sentencia, 
soy el amo de mi destino: 
soy el capitán de mi alma. 

William Ernest Henley. 

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